Primero estuvieron los Caballos

Medio de transporte, arma de guerra y alimento; tales fueron los importantes servicios prestados desde siempre y en todos lados por los caballos. También en nuestro país, ya que las vacas llegaron hacia el 1600. Luego, nada fue igual…

“Porque después de Dios, debimos la victoria a los caballos”, es una expresión encontrada frecuentemente en crónicas contemporáneas del tiempo de la Conquista.
Los abundantes yeguarizos – descendientes de los 7 padrillos y yeguas dejadas por Mendoza en 1535- silvestres permitieron el mantenimiento de BA en el inhóspito Río de la Plata de 1580 (su carne dulzona podía suplir la de los ausentes vacunos y ovinos, y alejaba en fantasma de la hambruna; daban sebo y crines que podían exportarse, y eran aptos para servir de transporte o arma militar). También fueron moneda de cambio en la segunda fundación de la ciudad, ya que se ofrecieron en propiedad a los candidatos a poblarla (entre ellos 3 mujeres). Allá por 1608 comenzó a crecer el ganado vacuno silvestre en esta zona (por falta de entusiasmo de los indios encomendados para pastorear y encerrar los rebaños domésticos)

Según datos oficiales, durante el 2006 en el país fueron faenadas casi 241.000 cabezas de equinos. Funcionan sólo siete establecimientos en todo el país. Dos están en Buenos Aires (Indio Pampa y Lamar), uno en La Pampa (Uriburu), otro en Entre Ríos  (Frigorífico Equino, Entre Ríos), uno en Chubut (Naturalcarni Patagonia), uno en Córdoba (Aimar) y el restante en Río Negro (Solemar Alimentaria).
La totalidad de la producción se destina a la exportación, ya que todos los intentos por introducir el producto en el mercado interno culminaron en fracasos,  señaló el informe elaborado por Enrique Torres Miñaqui, funcionario de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos (SAGPyA).
"Comer carne de caballo era una costumbre de pampas y tehuelches que no prendió en el resto de la población y hoy está circunscripta a consumos ocasionales en algunos establecimientos del sur del país, en cortes similares a los del vacuno y en los llamados chorizos de potro" agregó.  En cambio, los europeos "se adaptaron al consumo desde el 1800" y actualmente "lo consideran un producto de calidad que se vende en carnicerías especializadas a precios que van de 2 a 16 dólares el kilogramo".
También lo consumen como componente principal o complementario de algunos embutidos, como la apreciada "mortadela italiana".