Los 6 Banquetes de las Invasiones Inglesas 1806-1807 (fragmentos)
Por Silvana De Luca
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24/6/1806: Banquete de cumpleaños del reciente yerno del virrey Sobremonte
Buenos Aires siempre fue presa codiciada de los ingleses ; la toma de Buenos aires significaba asegurar la venta de mercaderías sin límites (1) .El 9 de junio se avista desde Montevideo la presencia de una escuadra inglesa: el virrey español Sobremonte decide suponer que los ingleses sólo bloquearán el río y atacarán a Montevideo(2). Así que el 24 de junio, hasta las 18,30 hs ofrece un banquete de cumpleaños a Juan Manuel Marín, su reciente yerno. Ya en la Casa de Comedias lo sorprende la noticia del desembarco de los ingleses.
Ni sosiego ni alimento tuvieron las tropas que se enviaron a frenar el desembarco inglés en Quilmes: La mayoría de las tropas
vieron que sus cartuchos no calzaban la bala en la pistola y que los negros con las viandas quedaban muy atrás suyo cuando, en gran desorden, se retiraron al comenzar Beresford el cruce del Riachuelo, con gran descarga de su fusilería. (3)
Las tropas criollas estuvieron durante tres días estuvieron sin comer, hasta que llegaron algunas reses, ordenadas traer de los mataderos (en Miserere).
El 27 de junio Beresford enarbola su bandera en el Fuerte: reclama el Tesoro y alimentos para 3000 hombres, intentando disimular que sus fuerzas eran apenas las de 1641 hombres. El poeta popular canta en las pulperías: “En Buenos Aires entró /sin hallar oposición/ el inglés, con un cañón/ que en el camino encontró / (4)
27-6-1806: Una mujer sienta su opinión contraria a los invasores,
durante una sencilla comida en la Fonda de los Tres Reyes
La jovencísima María Sánchez -casada en 1805 con el capitán porteño Martín Thompson, jefe del Puerto de Buenos Aires designado por Beresford- saludó la entrada de las tropas inglesas como la llegada de aires de civilización y buen gusto. Ya veremos que en parte estuvo muy acertada, desde que los ingleses introdujeron en Buenos Aires -además de sus expertas prácticas comerciales- objetos de moda, confort y actitudes de buen gusto indudables para la vida cotidiana, tan chata y santurrona, a que estaban ¿acostumbrados? los habitantes de Buenos Aires.
Pero había otras opiniones sobre la ocupación militar inglesa de Buenos Aires y sus resonancias futuras.Fue durante una modesta comida en la ya célebre Fonda de Los Tres Reyes, donde algunos oficiales ingleses sentados a sus pocas y largas mesas conocieron una muy intensa y ya extendida opinión sobre ellos y sus tareas actuales y futuras, cuando la hija del propietario (Juan Bonfiglio), exclamó frente a varios porteños, y de varios oficiales ingleses, tres días después de la primera Invasión Inglesa a nuestra ciudad “Caballeros, debieron ustedes avisarnos de antemano que era su intención cobarde entregar a Buenos Aires, pues juro por mi vida que, a saberlo, nosotras las mujeres hubiéramos salido a la calle y echado a pedradas a esos ingleses”(5). El menú (la palabra era desconocida en nuestra ciudad) esa noche solamente ofrecía huevos y tocino, ya que los mercados llevaban tres días de desabastecimiento. La Fonda estaba situada en la calle llamada entonces de Santo Cristo, hoy 25 de Mayo, a pasos de la Plaza de Mayo.
1/7/1806: Banquete agradeciendo al gral. Beresford su generosa determinación
(devolución de las naves y cargas secuestradas a comerciantes)
La flema británica quedó a un lado ante las vueltas que daban los invadidos. Así que el gral Beresford no sólo alzó la voz para reclamar la entrega del Tesoro aún resguardado por el aún virrey Marqués Rafael de Sobremonte, sino que apeló también a un argumento más convincente al secuestrar –una tarea cumplida por la escuadra comandada por sir Home Popham- los barcos de los comerciantes españoles (6) quienes rápidamente decidieron que era mejor entregar dicho Tesoro, (que de todos modos no les estaba destinado), a ver inutilizadas sus embarcaciones –fuente de su fortuna-, recordando quizás el reciente sitio de Tolón (Francia).
La mentirosa palabra gratuitamente con que Beresford calificó su devolución de las naves, tal vez movió a Martín Simón de Sarratea y a su cuñado León de Altolaguirre a dar el primer paso de un minué que duraría muchas décadas, y ofrecerle el lunes 1 de Julio en su casa frente a la Iglesia de Santo Domingo, un banquete (7) para agradecerle su generosa determinación (otra mentira) según los dichos oficiales. Sumado a la oportunidad de utilizar esa breve distensión de los ánimos para vincularse con un representante de la potencia militar y financiera de la época quien sabía que, con el envío del Tesoro perteneciente a Buenos Aires a Londres, tenía su gloria asegurada.
La casa de Sarratea era una de las más opulentas de Buenos Aires, pero todavía sus rasgos eran austeros. En pocos años Beresford será integrante del gabinete del Duque de Wellington e, invitado a su Banquete anual en su residencia de Apsley House –dado para conmemorar la batalla de Waterloo- ocupará un lugar en la fastuosa mesa del Duque, organizada alrededor de dos magníficos candelabros de piedra siberiana, entre los cuales verá el célebre sourtout en plata del servicio portugués, regalo al Duque del Regente de Portugal (8).
Beresford (“es hombre corpulento, de cara rojiza, tuerto del ojo derecho, que ha sido reemplazado por uno de vidrio”, según Ulpiano Barreda), Dennis Pack y otros oficiales británicos concurrieron al agasajo, -inadvertido por muchos cronistas- al que asistieron también los más caracterizados vecinos de la ciudad. Un yerno de Sarratea, Santiago de Liniers, de regreso a Buenos Aires, estimaba así, en persona la posición de los invasores, planeando ya el plan de reconquista.
La velada fue la comidilla de la sociedad porteña, escandalizando a no pocos vecinos. Los ingleses hicieron gala de su roce social, y sus vistosos uniformes haciendo gala en esta oportunidad, de finos modales y atentos galanteos, ganándose el favor de las damas porteñas. La nota de la noche fue el galanteo del capitán George William Kenneth, encandilado por Marianita Sánchez Barreda, una joven dama porteña, que hizo comentar a Beresford, a la propia madre de la joven: "Señora, sus divinas hijas están enseñando a mis oficiales a habitar el cielo" (9) A pesar de las lluvias y el desabastecimiento general ocasionado por la invasión, la mesa ofreció a los visitantes/invasores inolvidables manjares.
Tal vez esa noche nació la diplomacia argentina, y ciertamente quedaron más que insinuados los grandes rumbos que tomaría la vida política del Río de la Plata. O, al menos uno de los hijos del anfitrión absorbería muy bien el sentido de cada palabra y cada gesto de la velada: Manuel de Sarratea quien tenía ya experiencias comerciales con USA e Inglaterra, ocupará los más altos cargos del Estado naciente en 1810. Entre tantos de ellos, en 1826 será enviado por Rivadavia a Londres como el primer Ministro Plenipotenciario ante la Corte de Saint James, respondiendo así al reconocimiento inglés a la independencia argentina. Antes, había sido miembro del Primer Triunvirato y Primer Gobernador (interino) de la Provincia de Buenos Aires, firmante del Tratado del Pilar.
El 12 de Agosto las tropas y vecinos de Buenos Aires, con el mando de Santiago de Liniers y la ayuda de Martín de Alzaga y muchas otras personas, inclusive mujeres y niños, han vencido a los ingleses pero ya comienzan los preparativos para defenderse de una nueva invasión (que será más poderosa y violenta que la anterior). El virrey Sobremonte es relevado del mando del ejército (que asume Santiago de Liniers) por imposición de la tropa y del pueblo. El Tedéum de la Victoria se celebra en la Catedral y en acción de gracias se jura como patrona de la ciudad a Santa Clara, la santa del día de la Reconquista. Se distribuyen doce dotes para doncellas y pensiones para las familias de los muertos en el combate.
El acaudalado vecino Martínez de Hoz, miembro del grupo de Martín de Alzaga, gran organizador de la Reconquista ofrece junto con su esposa, una gran comida a los oficiales de la Reconquista, a quienes los dueños de casa insistieron en servirles personalmente (10).
22-12-1806: Banquete de agradecimiento a los indios que ofrecen su ayuda militar para
la próxima Defensa de Buenos Aires
En Buenos Aires reina un entusiasmo extraordinario. La mansa ciudad virreinal se transforma en una plaza militar. Todo el vecindario, sin distinción de clases se arma, realiza ejercicios militares, fortifica sus posiciones y se prepara para la segunda invasión
Los indios también aportan su concurso para defender a los cristianos de los “colorados”. Los caciques Catetilla y Mármol, representando diez grandes caciques; Epugner, cacique de Cabeza del Buey; y Errepuento y Turuñamqun, caciques de Talaquen, ofrecen al Cabildo más de treinta mil indios de pelea, con cinco caballos cada uno, armados con chuza, espada, bolas, honda y con sus coletas de tiro (15-9 y 22-12-1806). Así quieren corresponder a la buena acogida que los “hijos del Sol” hacen a sus productos y la libertad de poder comprar lo que desean. El Cabildo agradece tan noble ofrecimiento, pero temeroso de traer a la capital una indiada tan numerosa, difiere para un mejor momento el empleo del refuerzo indígena.
Despide a los Caciques con un gran convite y los obsequia con el escudo de armas de Buenos Aires que ostentan arrogantes en sus tiendas (11)
11-7-1807: Liniers ofrece un Banquete en el Fuerte a los jefes ingleses vencidos
Las gacetas de Londres llegan a Buenos Aires el 18-12-1806 y anuncian la segunda invasión al Río de la Plata. Once mil soldados se embarcan custodiados por una poderosa escuadra al mando de los jefes más prestigiosos del mundo. Los comerciantes ingleses agregan a la expedición navíos cargados de mercaderías por más de un millón de libras, volumen jamás alcanzado hasta entonces, para negociarlas en Buenos Aires.
En España, la corona resuelve formar juicio a Sobremonte (confinado bajo custodia hasta 1809 en San Fernando, en la quinta de los Betlemitas) por la entrega de Buenos Aires y designa virrey a Pascual Ruiz Huidobro, prisionero de los ingleses, que se hallaba en Inglaterra.
Beresford y su amigo Pack se fugan de Luján, con la ayuda de Saturnino Rodríguez Peña y de Manuel Aniceto Padilla.
Ciento cincuenta años antes que Stalingrado, Buenos Aires ofrece el ejemplo más elocuente el poder de resistencia de una ciudad en armas, cuando la población está unánimemente decidida a resistir, y vence nuevamente. (12).
Liniers ofrece en el Fuerte un banquete a los vencidos: Whitelocke y sus oficiales se sientan entre los jefes de la guarnición. A los postres una banda tocó el God Save the King; después Liniers brindó por el rey de Inglaterra y Witheloke por el rey de España.(13)
Liniers obsequió a Whitelocke su sable con guarniciones de oro que le regalaron los comerciantes de Lima. El general británico obsequió a Liniers su espada con hoja toledana que le regaló el príncipe de Gales, su coche que trajo de Londres y un escritorio de “una primorosa hechura, que a un tiempo se escribían dos cartas por un mismo sujeto, la una que escribía la mano y la otra la escribía otra pluma, que se ponía dentro de un resorte y salía la letra y lo escrito tan igual como la escrita con la mano” (14)