LA REVOLUCION DE MAYO
dulces, licores, gritos, coronas, brindis,
un Banquete, un decreto y una muerte en alta mar
por Silvana De Luca
Hagan lo que quieran, gritó fastidiado Baltazar Hidalgo de Cisneros, el sordo de Trafalgar, el futuro ministro de Fernando VII el bienamado (será repuesto en el trono en 1815), el hombre que había llegado a Buenos Aires en 1808 como Virrey de España en el Río de la Plata para debilitar a los enemigos del poder español, y que se encontraba ese 24 de Mayo de 1810 sin apoyo militar, y sólo pedía seguridades para él y su familia.
Tampoco el Regimiento de Patricios le obedecía. La tramoya urdida por Lué, de nombrarlo Presidente de la Junta de Gobierno, en contra de lo decidido por el Cabildo Abierto del 22 de Mayo, había fracasado.
Esto relató Castelli al llegar a uno de los centros de reunión de los complotados contra el poder imperial español, la casa de Nicolás Rodriguez Peña quien a los pocos minutos salió, junto con Donado, Beruti (jefe de los chisperos, una fuerza de choque) y varios criados llevando canastas, a recolectar todos los dulces y licores que hubiese en las confiterías (1).Se puso en su casa una gran mesa que duró tres días, hasta la noche del 25 inclusive (recordada como de una gritería en Patricio):recién a las 21 hs de ese día juró la definitiva Primera Junta Gubernativa a nombre de Fernando VII, presidida por el comandante de Patricios Coornelio Saavedra y radiando de cualquier mando a Cisneros.
Y como la mesa de quienes transitan el escarpado camino hacia el poder es abierta y hospitalaria, continuamente se llenaban las bandejas para que quien quisiera entrar saboreara esas delicias, además de la invitación a plegarse a la revolución.
Una bobada, fue según Cornelio Saavedra afirma en sus Memorias (2), aquel episodio ocurrido en el Banquete ofrecido por los oficiales del Regimiento de Patricios, que él comandaba. Los brindis (desde el principio de los tiempos, una más o menos breve frase cargada de significación política) estaban aquella noche teñidos de la euforia causada por el triunfo de las armas patriotas al mando del coronel Antonio González Balcarce en Suipacha, el 7 de noviembre de 1810.
Uno de los oficiales saludó en su brindis a Saavedra como emperador. Otro oficial entregó a su esposa Saturnina de Saavedra, la corona de azúcar que adornaba una fuente con dulces. En las mesas de quienes ya ejercen el poder, cada objeto y cada palabra tienen gran carga significativa: y esa bobada –que prontamente fue atribuída sin controversia alguna, a la supuesta ebriedad de los oficiales protagonistas del brindis y de la entrega de la corona de azúcar, iba a oficiar como detonante de la primera gran crisis política del novísimo elenco gobernante del ex virreynato del Río de la Plata.
Así, Mariano Moreno, el joven abogado de los comerciantes ingleses en Buenos Aires y Secretario de la Junta de Gobierno, redactó y convirtió en ley el 6-11-1810 el famoso decreto de los honores, que según su hermano Manuel, no demostraba ningún deseo de igualitarismo sino un golpe contra la posibilidad de que Saavedra se asentara en el poder político (basado en su poder militar). Pero Mariano Moreno sería derrotado, con la incorporación a la Junta de los 9 diputados de provincias (defensores de sus incipientes industrias y clásicas artesanías): en su voto contrario a esa incorporación, Mariano expresó querenuncio sin arrepentirme del acto del 6 de noviembre, publicado en la Gazeta del 8 de noviembre, que me ha producido el presente descrédito. (3)
La Junta ampliada (grande) emitió inmediatamente un oficio al marqués de Wellesley, Canciller de Inglaterra, explicándole que con la incorporación de los diputados de Provincias, las resoluciones del Gobierno tienen la firmeza de que antes carecían, y anunciándole que Mariano Moreno instruirá a SMB de los verdaderos deseos de estas Provincias, que estando íntimamente ligados a los de la nación inglesa, esperan una favorable acogida(4)
Pero Mariano Moreno murió en alta mar el 4-3-1811 a bordo de un barco inglés, luego de que el comandante inglés de la nave le hiciera beber un supuesto remedio, pero que agravó su enfermedad.
Su hermano Manuel reafirma cual era la preocupación principal de Mariano: explicar, justificar en Inglaterra la batalla política perdida a manos de los diputados de las provincias, y de Saavedra. Así dice que como lo había prometido a sus amigos y exigía su reputación, Moreno pensaba, después de su llegada a Inglaterra, publicar un manifiesto de su conducta pública en toda su carrera, y particularmente de sus motivos en la transacción que produjo los últimos disgustos (5)
Otra corona (de flores esta vez) entregada al gral. San Martín en 1818, al entrar en Buenos Aires luego de vencer en la batalla de Maipú, provocaría otra crisis política.
Y es que las coronas (de azúcar) eran elementos habituales en la mesas de la Europa de esa época, gobernadas por testas coronadas, cuyas cocinas estaban a cargo de grandes cocineros, como el aclamado francés Antonin Carème, según quien, los verdaderos gourmands se limitaban a admirar –sin tocar- esas piezas decorativas.
Pero faltaba mucho tiempo aún para que un militar argentino demostrara dotes de gourmand: nos referimos al coronel Artemio