BELGRANO DE LONDRES A BUENOS AIRES, NOVEDADES: Manuel Belgrano llegó a Buenos Aires desde Londres a principios de 1816, y pronto comprobó que la situación política en el Río de la Plata había cambiado: los caudillos federales -en pleno enfrentamiento con los dirigentes porteños, -que defendían el no reparto de los ingresos de la Aduana- habían ganado espacios de poder; Entre Ríos y Corrientes se declararon Provincias Confederadas independientes, Gervasio Artigas había tomado el título de Jefe de los Orientales y Protector de los Pueblos Libres. Atrás habían quedado los meses londinenses, junto a Bernardino Rivadavia, recibiendo ambos a Manuelito Sarratea a las horas de comidas, hasta que este se negó al pedido de Rivadavia de rendir las cuentas del dinero insumido por su recomendado el conde Cabarrús y dejó de participar en esos hospitalarios almuerzos y comidas. Como Gervasio Posadas antes -con la actitud de Miguel de Azcuénaga, que había sido asiduo concurrente a su mesa de gobernante (1), Belgrano afirmó en su Informe al Gobierno de Buenos Aires que no me cabía en la cabeza una conducta tal de Sarratea, a quien habían otorgado, él y Rivadavia, tantas confianzas y deferencias en el trato. Manuel Belgrano volvía de Londres convencido de la férrea oposición de las potencias europeas al establecimiento de una República en estas Provincias del Sur, tanto como de la gran animadversión británica hacia los gobiernos de América en general (y escencialmente, de la preponderancia económica y militar británica).

LA ORDEN: DICTAR UNA CONSTITUCION Y DECLARAR LA INDEPENDENCIA.La revolución del 15 de abril que derribó a Alvear del mando y disolvió la Asamblea del año 13, impuso al nuevo gobierno la obligación de convocar inmediatamente un Congreso General, que se ocupara de dictar la Constitución del Estado, siendo condición expresa que debía reunirse en un punto céntrico del territorio, para no despertar los celos de las localidades contra Buenos Aires. Aunque se puso a distancia del capitán Bowles, jefe de la escuadra británica en el Río de la Plata –habitual interlocutor de San Martín- varios fueron los observadores de las potencias que se transladaron a Tucumán para obtener informaciones e influír sobre los congresales, con vistas a sus propios intereses; tal el caso del oficial sueco Jean Adam Graaneer, agente del Príncipe Bernadotte. El Congreso General Constituyente se mudó lentamente de Buenos Aires a la ciudad de Tucumán.

Con la mayoría de la población analfabeta, las elecciones para diputados al Congreso Constituyente, los votos fueron más o menos inspirados por la autoridad local, según Groussac (2). Fueron electos gran mayoría de jóvenes sacerdotes y abogados, universitarios y maestros. Entre otros, Juan José Paso (58), Antonio Sáenz (28), Mariano
Serrano (27), Francisco de Laprida (43), Tomás Godoy Cruz (25).

DISFRUTANDO DE LAS COMIDAS TUCUMANAS DE AYER Y DE SIEMPRE: La estadía en la ciudad de San Miguel de Tucumán aseguraba que las negociaciones políticas se acompañaran con ricas comidas, preparadas en las casas de los vecinos notables: las célebres Empanadas tucumanas, saboreadas desde comienzos de la colonización, el Locro (maíz, poroto, zapallo, carnes varias), Tamales (harina de maíz molida), y entre los dulces el Alfeñique, una confitura de los tiempos coloniales preparada con la melaza de caña de azúcar, con forma redondeada a modo de caramelos blanquecinoss (en ocasiones se les añaden ingredientes como el anís) hicieron las delicias de los diputados.Los caudillos federales del litoral no concurrieron al Congreso, ni enviaron diputados, otros políticos estaban exiliados.El Congreso no era representativo de la realidad política; no se consideró capaz ni autorizado a sancionar la Constitución Nacional y así definir la forma de gobierno que debía regir el Estado. La Declaración de la Independencia era lo único que el Congreso podía mandar, por ser lo único que los pueblos estaban dispuestos a obedecer, aclaró Mitre (3).

LOS ESTADOS UNIDOS Y LA REPUBLICA LEJANA.El 3 de Mayo de 1816, llegó a USA Martín Thompson, enviado por el gobierno para comprar armas y solicitar apoyo político (a cambio de ventajas comerciales); presentó sus credenciales en Agosto y comenzó sus contrataciones, luego desautorizadas por el gobierno de Buenos Aires.
Ese mismo 3 de mayo, el Congreso nombró Director Supremo a Juan Martín de Pueyrredón, con 23 votos sobre 25: los votos en contra fueron de los diputados por Cuyo enviados por San Martín, quien en octubre de 1812 había derrocado el Triunvirato del que Pueyrredón formaba parte. Inmediatamente Pueyrredón se subordinó a San
Martín, quien comenzó a dar forma a su secreto, como lo definió en una carta a Nicolás Rodríguez Peña, y que coincidía con el que mucho más tarde conoceríamos como el británico Plan Maitland (4): organizar un ejército que llegara a Chile y luego a Perú; esto se hizo principalmente con el financiamiento conseguido -con ásperos pero eficientes modales- de los comerciantes mendocinos y porteños.

Manuel Belgrano fue oído por los diputados del Congreso en la sesión secreta del día 6 de Julio, promoviendo el sistema monárquico, como la manera de hacer callar a las potencias en contra nuestra; la sesión fue emotiva: lloré e hice llorar, escribió luego a Rivadavia. Retomaba el proyecto de la Constitución monárquica que escribiera junto a Rivadavia y Sarratea en Londres. Las palabras de Belgrano precipitarion la Declaración de la Independencia, afirma José María Rosa (5). El debate sobre la forma de gobierno empezó recién en la sesión del 12 de Julio, donde la gran mayoría de los diputados estaban por la forma monárquica con un descendiente de los Incas (ver en esta página el apartado Jorge III).
El texto de la Declaración de la Independencia, aclamado el día 9, fue redactado al parecer el 8 de Julio, por un grupo de diputados liderado por Paso y Serrano, siguiendo muchos lineamientos de la Declaración de la Independencia de USA. El 9 de Julio, día de la aclamación, presidía la sesión el diputado Laprida (la presidencia del Congreso se renovaba mensualmente) (6).

EN EL BAILE DE LA INDEPENDENCIA, LA REINA RUBIA DE LA PATRIA. La Ciudad de Tucumán estaba llena de flores, guirnaldas y banderas. En la noche del 10 de julio se armaron peñas y bailes de festejo. Se había esperado para declarar la Independencia y la gente quería expresar su alegría. En la Casa histórica el baile se armó en el salón principal. Allí estaba la orquesta y algunos paisanos guitarreros. Porque se bailaba el minué, pero también la zamba. Entre los que mejor bailaban se destacaba el general Belgrano. Por allí andaban las chicas más lindas de Tucumán, así que decidieron elegir a la reina de la fiesta. Como en un concurso de Miss Argentina, se armó un jurado y salió electa Lucía Aráoz a la que llamaron la rubia de la patria. Todos quisieron bailar con la reina, que, al final de tantas discusiones y propuestas fue la única que logró, con su belleza, el acuerdo para proclamar, aunque sea por una noche, a alguien con título real (7).

EL BANQUETE DE CHACABUCO (y otro). En enero de 1817 los diputados del Congreso comenzaron a llegar a Buenos Aires donde continuaron las sesiones. El 26 de febrero Mariano Escalada llegó a la ciudad con la noticia de la victoria de Chacabuco, que la Ciudad festejó durante varios días. En la batalla de Chacabuco la mayoría de los muertos fueron negros libertos de Cuyo, nacidos en Congo y en Guinea (Buenos Aires era el centro de la importación de esclavos para todo el sur del imperio español desde 1714).
El 30 de Marzo de 1817 San Martín entró en Buenos Aires y el 19 de abril salió de esta Capital para la de Chile José de San Martín, a quien 2 o 3 días antes se le dió por el Exmo. Cabildo una comida que tuvo de costo más de $3000, anotó en su Diario Juan Manuel Beruti (8).
El 19 de Marzo de 1818 las tropas de San Martín sufrieron el revés de Cancha Rayada y esa noche, los españoles habitantes de la Punta de San Luis hicieron un gran convite. Se reunieron 80 de ellos en una de sus casas, brindaron por el Rey y vituperaron a los americanos. Enterado el Gobernador don Vicente Dupy (porteño), mandó poner en la Plaza 80 estacas y la orden de darle 100 azotes a cada uno de ellos, recordó también Juan Manuel Beruti (9).

Más tarde, el 5 de abril de 1818, en el valle del Maipo, cercano a Santiago de Chile, se produjo la batalla de Maipú entre las fuerzas patriotas revolucionarias conformadas por argentinos y chilenos contra los realistas, victoria que decidió en gran parte la independencia del Cono Sur. Poco después San Martín entró en Buenos Aires eludiendo los ho-
menajes. Luego de entrevistarse con Pueyrredón y los otros mienbros de la Logia
Lautaro, renunció al mando del Ejército de los Andes.
Mientras tanto, el trabajo de los diputados continuaba. El 22 de abril de 1819 fue
sancionada la primera Constitución Nacional, que se promulgó el día 30 de abril de
ese año.
El 23 de Octubre de ese año 1819 Martín Thompson moría en alta mar, camino a Buenos Aires, al parecer luego de haber extraviado su razón.